Ya llegó la Navidad

Es un momento mágico, es especial; es el cruce del umbral de un mundo cotidiano y mundano a uno lleno de encanto. No se sabe ni el momento ni el lugar en el que te sorprenderá.

Pueden haberte llenado los ojos con vitrinas adornadas, los oídos con canciones alusivas, la nariz con olores recurrentes, pero el instante en el que la sientes en el tuétano es tan tuyo, tan privado y personal, que un ardor inusitado te calienta las orejas y las mejillas mientras un frío contrastante te humedece las palmas de las manos, y tú lo sabes, lo sientes, lo vives, y te apoderas de ese sentimiento tan tuyo en el que todo tu ser comprende que, al fin, de nuevo, te llegó la Navidad.

Y el tono de la luz solar cambia, y la manera en el que la brisa roza tu cara cambia, y tu forma de enfrentar las situaciones cambia, y la forma de hablar te cambia por un tono al que le falta poco para convertirse en canto, ¿no lo crees?, pregúntales a tus amigos y lo verás.

Porque eso es la Navidad, un lapso en el que te das la oportunidad de vivir de otra manera, de cambiar tu visión del mundo, de poder brindarte la satisfacción de vivir la vida como realmente quieres vivirla; o dime tú en qué otro momento puedes sentirte como si fueras el rey del mundo, que las penas y los problemas se minimizan y que el dinero pasa a un segundo plano; claro, eso si es que entiendes que la época no es para atiborrar a los demás con regalos innecesarios y estúpidos, sino para brindarte de corazón a ellos.

Pobre de ti si la Navidad sólo se te convierte en un cúmulo de obligaciones sin sentido, lleno de una agenda con compromisos “ineludibles”, aburridores y obligatorios en donde al final el único insatisfecho eres tú mismo. Pobre de ti…

Pero sé (ansío) que no es tu caso, y que en esta época tanto tú como yo vamos por el mundo con una sonrisa mezcla de estupidez e ingenuidad pintada el rostro. Pero no te preocupes, es la misma que se refleja en la cara de los demás y por lo tanto nadie nos mira con prevención, sino que más bien se alegran de encontrar en los demás su propia satisfacción.

Al fin y al cabo eso es la Navidad, esa es realmente la manera de compartir, querer ser todos miembros de una misma familia, esperanzados en que el futuro pueda ser siempre mejor, en donde todos quepamos y podamos sonreír ante los demás sin sentirnos culpables.

Hoy te quiero dar las gracias por leerme, por visitar este espacio, por compartir un poco de tu tiempo conmigo, GRACIAS y…

FELIZ NAVIDAD.

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