Manejando El Conflicto

Hoy es tiempo de hacerle un reconocimiento a un gran maestro que la vida me ha regalado, gracias al cual he podido comprender y desarrollar muchas de las ideas y conceptos que están plasmados en este blog. Él me enseñó que el perfeccionamiento es siempre una búsqueda constante, una fuente inagotable de necesidad creativa; y a quien también doy gracias por corroborar la idea fundamental de que la sencillez y la humildad son las verdaderas indicadoras de la valía de un gran ser humano.

Es por eso que no encontrarás aquí su nombre, sólo sus enseñanzas, ya que a pesar de ser uno de los hombres que más conoce y maneja el arte de narrar en Latinoamérica, nunca aceptaría una adulación como la que hoy hago en público. Para él, mi más sincero reconocimiento y agradecimiento por sus consejos y sobre todo por dejarme contarlo como uno más de mis amigos.

Estas palabras introductorias surgen por el tema que hoy quiero compartir contigo, ya que te voy a hablar acerca de la base fundamental sobre la cual se sustenta toda narración dramática, y esta es la de los cuatro pilares que son: el personaje – la motivación – el objetivo – y el elemento conflictivo, y cuyo manejo fue uno de los grandes legados que él me dejó al enseñarme a entretejerlos como armando un rompecabezas, labor que se convierte con el tiempo en una pasión y un verdadero reto.

En la oportunidad anterior ya vimos lo importante que resulta tener clara la Premisa Fundamental de nuestra historia, qué es lo que queremos decir; pues bien, ahora tenemos que definir cómo hacemos que esa idea sea captada plenamente por nuestro público, y para ello debemos tener clarísimo que la ilustración de dicha idea sólo puede hacerse a través de un conflicto.

O dicho de otra manera, un conflicto es la ilustración de una premisa fundamental; pero como estamos hablando de una narración dramática, y como el término dramático lleva implícito el desarrollo de una acción, debemos entonces establecer los elementos que me van a generar dicha acción, ¿y cuáles son esos elementos?, pues precisamente los cuatro que ya hemos mencionado: el personaje – la motivación – el objetivo – y el elemento conflictivo.

Resumámoslo, tratando de ser sencillos como siempre, de la siguiente manera: Ya sabes lo que quieres decir, estableciste tu premisa, la cual podría ser (siendo simplistas) que “no siempre se obtiene lo que se desea”; a continuación creas un personaje que se llamará Pedro (vale decir que puedes empezar por desarrollar cualquiera de los cuatro elementos); y cuyo objetivo es ir a la playa porque está de vacaciones.

La motivación que lo hace querer ir a la playa es el hecho de que allí siempre hay mujeres hermosas y fáciles que sólo buscan una noche de placer, perfecto; pero es ahí, después de establecer estos parámetros, en donde comienzas a crearle conflictos, los cuales son los que te van a empujar tu historia hacia delante, los que van a crear afinidad o rechazo por parte del público con tu personaje.

Entonces digamos, por ejemplo, que lo primero que le sucede es que no encuentra habitaciones disponibles (uno), por lo que debe dormir en la playa y unos ladrones le roban mientras duerme (dos), con lo cual al día siguiente, malhumorado y con muy mal aspecto por el mal dormir, se encuentra precísamente con la mujer de sus sueños, pero ella lo mira como a un bicho raro (tres), ¡y encima descubre que ella tiene novio! (cuatro), y las complicaciones pueden ser infinitas…

Sí, acepto que el ejemplo es demasiado simplista, por lo cual apelo a tu indulgencia, aunque para el objetivo que buscaba viene muy bien. Si tienes alguna duda, o quieres hacer un aporte, “las líneas están abiertas”.

Hasta la próxima..

5 comentarios:

nautilux dijo...

Creo que lo difìcil de la creaciòn literaria està en la originalidad para darle su propio ritmo a las circunstancias y un final que le haga ser recordado al tema. Saludos.

Martín Armenta dijo...

Tienes razón, pero recuerda que para llegar a una verdadera originalidad, lo primero, lo básico y fundamental, es conocer las técnicas de tu arte para poder apropiarte de ellas y elaborar tu propio camino.
Gracias por tu comentario y siempre serás bienvenido.

MALINA dijo...

Aunque no tengo conocimiento en este arte creo que las ideas básicas y bien definidas dan paso al resto que ya podemos complicarlas a nuestro gusto o personalidad literaria. Pero es importante siempre ciertas permisas de base que serán los cimientos de la obra final.

Saludos

MaLiNa

diariodeunaescritoranovata dijo...

En realidad, creo que lo que quieres manifestar, ampliando lo que has contado en esta entrada, es la idea de que, para que el conflicto genere una buena historia, el personaje tiene que irse encontrando con dificultades cada vez mayores que irán revelando las auténticas dimensiones de su carácter. A medida que los problemas aumentan y las presiones sobre él se hacen mayores, el personaje debe sufrir una evolución. De lo contrario no hay tensión, no hay justificación para los cambios de ánimo que, sin duda, sufrirá nuestro personaje y, por lo tanto, obtendremos una narración plana y poco interesante, con la que el lectro podrá indentificarse poco o incluso nada. ¡una buena historia debe generar empatía con el lector!
Si no es así, por favor, corrígeme, pero creo que debemos distinguir entre al menos tres tipos de conflictos: el estático, el progresivo y el inestable. Pero este es un tema demasiado extenso como para tratarlo solo en un comentario.

Un saludo desde Madrid, España

Martín Armenta dijo...

Tienes toda la razón en todo lo que anotas, y quiero agradecerte por tan buen aporte.

Déjame decirte también que por lo que dices, eso de "novata"... lo dudo. Un abrazo y por aquí siempre bienvenida.

¡Ah!, y felicitaciones por tu blog.