La espera (Final)

Quién cree que gane las elecciones?
- No lo sé, la verdad es que ninguno vale la pena.
- ¿Me cuida el puesto por favor, mientras voy a buscar un nuevo formato de consignación?, es que llené mal éste.
- Sí, pero el más viejo tiene más experiencia.
- Sí, claro, vaya y no se preocupe, yo se lo guardo.
- Si, pero vaya uno a saber si la experiencia que tiene es en robar, o en hacer bien las cosas.
- ¿Y entonces, por quién va a votar?
- Todavía no lo sé, esperemos a ver con qué salen en estos días.
- ¿Sí sabes que Julita se separó?
- ¿Pero con qué cosa nueva podrían salir?
- ¿Sí?, ¡no te lo puedo creer! Pero si se casó hace apenas seis meses.
- Parece que con el más joven puedo conseguirle un puestico a mi hija menor. La pobre lleva varios meses sin trabajo.
- Sí, pero parece que el marido le salió gay.
- ¿Pero será que sí le cumple?
- ¡Qué pena!, pobrecita.
- No sé, de todas maneras voy a hablar con la gente del viejo a ver qué ofrece.
- ¡El que sigue!

La orden del cajero me sacó de mi escucha estereofónica.

Gracias al cielo, y casi sin darme cuenta, había recorrido los pocos metros que me separaban de la línea de meta. Los 93 minutos de espera ahora parecían nada. Campanas de gloria y timbales de alegría resonaron en mis tímpanos. Coros celestiales cantaban un glorioso Aleluya con cada uno de los pasos que me llevaban por fin hasta la cara sonriente de mi ilustre anfitrión.

Sólo ahora, viendo ese pelo engominado, el reluciente bisel de su reloj enchapado en oro de 18 quilates, esa forma particular de anudarse la corbata roja que sobresalía orgullosa de aquel cuello en “V” del chaleco última moda, pensé por qué había terminado yo en aquella sucursal.

Hora: 2:10 de la tarde. Diagnóstico del tráfico: Caótico. Tiempo de llegada hasta la sucursal en donde estaba registrada la cuenta del cheque que pretendía cambiar: 40 minutos en tiempo normal, e impredecible con la actual situación del flujo vehicular. Tiempo hasta la sucursal más cercana: 10 minutos. Hora de cierre para atención al público: 3 p.m.

Nada que hacer. Aquí estaba yo, acatando la decisión más lógica que me dictó mi intelecto, sobre todo teniendo en cuenta la urgente necesidad de contar con ese dinero hoy mismo.

- Buenas tardes señor – me dijo el cajero extendiéndome la mano para recibir mi necesidad.

Yo también le murmuré un saludo y le entregué el cheque junto con mi identificación. Él lo miró, luego me miró a mí, y después miró la fila que yo acababa de hacer. Miró de nuevo el cheque y otra vez a mí; se desajustó un poco el nudo de la corbata y me dijo:

- Señor, lo siento mucho, en estos momentos estamos sin red, las líneas están caídas y no le puedo hacer efectivo este cheque; y por lo que nos han informado, el servicio sólo se restablecerá hasta mañana, ¿por qué no fue directamente hasta la oficina en donde está radicada la cuenta?


¿Fin?

2 comentarios:

Bosco dijo...

Esta bueno que el trabajito de darse cuenta del cambio de tema o personaje, lo haga el lector. Me gustó.

Martín Armenta dijo...

Gracias Bosco, siempre es bueno leer el comentario de un amigo.
Yo también me he dado mis vuelticas por tuS blogs, muy buenos también.