Perro viejo late echado

Poco a poco la vida me ha ido enseñando que no es el tiempo el que es escaso, sino nuestra acelerada angustia la que nos mata el tiempo.

No sé cuándo ocurrió ni cómo exactamente, pero hubo un momento mágico y reciente en el que me di cuenta de que el tiempo ya poco me importaba; o por lo menos no de la forma como hasta hace poco lo hacía. Me di cuenta con miedo, casi con pánico al principio, que era porque estaba cruzando el umbral del que siempre me burlé y hasta menosprecié. Me di cuenta que mis canas no eran el resultado solamente de una herencia genética, sino que me estaban indicando que los años habían pasado

Y repito, el miedo fue enorme, porque sentí en un ramalazo inicial de insensatez que la vida se me estaba acabando; que el tiempo me estaba castigando por la prepotencia de mis años mozos; pero poco a poco fui comprendiendo que al contrario de mis prevenciones, no los estaba dejando, sino que estaba llegando al fin al umbral de los mejores años.

Me di cuenta de que lo que antes fue un frenético nado en las aguas de la vida, en donde lo único que importaba era el sólo hecho de avanzar, revolviéndolo todo a mi paso y levantando un fangal que impedía ver más allá de mi nariz; ahora se había convertido en un suave viaje en el que, sin perder de vista las metas, ahora lo que me importaba era el disfrute de ir observando a cada brazada la hermosura en el fondo del estanque.

Me di cuenta que ahora, cuando el reloj no es quien marca el paso de mi tiempo, es cuando he empezado a ser más productivo. Ahora, cuando me importa un bledo lo que dicten la moda o las tendencias momentáneas, es cuando he empezado a disfrutar con verdadero e inmenso placer de cada uno de los atuendos que se me da por ponerme.


Ahora me he dado cuenta de que lo que iba a hacer, ya lo hice; y si no lo hice ya no lo haré, así que qué más da. Ahora me divierto y me río solo descubriendo los errores infantiles del pasado; amando los recuerdos de los seres que encontré en mi camino; dando gracias por todas las caídas y afanes anteriores, porque sin ellos no habría aprendido a levantarme y a darme cuenta de lo que soy capaz.

Ahora prefiero un buen trago, uno, pero del bueno, al lado de una grata compañía y de una conversación inteligente y divertida. Ahora me tomo el tiempo para escribir cosas como esta y, sobre todo, saber que las comparto con gente como tú.

“Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”

4 comentarios:

Maximiliano Kerszenbaum dijo...

Hola!

Muy buen Blog!!!

Saludos!

Max.

Maximiliano Kerszenbaum dijo...

Hola nuevamente!!!

Gracias por agregar a "EL BLOG DEL GUIONISTA" entre los blogs que sigues. Acabo de poner el tuyo en NUEVOS LINKS, que hallarás en el segmento NOVEDADES y además lo publiqué en el segmento MÁS AMIGOS.

Saludos!!!!

Max.

Anónimo dijo...

Hola! Es lo que me esta pasando a mi creo. Que maravilla de narracion! Gracias por compartirlo con nosotros.
Anna

Martín Armenta dijo...

Gracias a ti, Anna.