En alguna ocasión me hablaron de estos tres términos en relación con la narrativa, y debo decir que no entendí mucho la idea, razón por la cual hoy me lanzo a la aventura de tratar de hacerlos comprensibles, así que cualquier opinión o inquietud que tengas estaré gustoso de recibirla a través de la opción de Comentarios. Pero bueno, no demos más vueltas y empecemos, ¿qué son entonces el Logos, el Pathos y el Ethos?
Estos son los tres elementos fundamentales que nos plantea Aristóteles como métodos de persuasión de la Retórica, entendiendo a esta como “un sistema de reglas y recursos que actúan en distintos niveles en la construcción de un discurso”, y los cuales “están estrechamente relacionados entre sí y todos ellos repercuten en los distintos ámbitos discursivos”.
Para nuestro caso, la Retórica y sus tres elementos se convierten en parte fundamental al momento de la creación y construcción de nuestras historias, ya que tales principios son los que permiten el engranaje armónico de nuestra narración.
Por una parte entendemos al Logos como la argumentación o el discurso, es decir, como la palabra meditada, razonada; lo cual, adaptado o entendido en términos dramatúrgicos, es la organización clara y fluida, ordenada y coherente de nuestro discurso narrativo para poder llegar con éxito a la exposición de nuestro Ethos.
¿Y qué es el Ethos?, pues nada más ni nada menos que la razón primordial, básica y fundamental por la cual escribimos: es lo que queremos decir.
Entonces vemos cómo, si invertimos el orden anterior Logos – Ethos, si partimos inicialmente de la necesidad básica de todo narrador, de todo inventor de historias; si partimos de su imperiosa necesidad de decir algo, si partimos del Ethos, nos vamos a encontrar con la primera exigencia narrativa al momento de escoger la forma de organizar nuestro Logos, nuestro discurso, y ello es descubrir cuál es el mejor Pathos para transmitir nuestro Ethos.
Ahora entonces, ¿qué es el Pathos? Pues el Pathos es “el uso de los sentimientos humanos para afectar el juicio de un jurado”, y en nuestro caso es el drama. Sí, el drama, poca cosa ¿no?, pues resulta que el Pathos es la vida de nuestra historia, es la acción; es el conflicto que va generando los acontecimientos que impulsan nuevas acciones y ponen en funcionamiento la máquina narrativa.
Entonces, a modo de resumen, o de esclarecimiento de la idea, tenemos que para crear un discurso, una historia, partimos siempre de una necesidad de decir algo, ya que sin esta necesidad lo ideal es permanecer callados; y que habiendo descubierto esa necesidad, ese querer decir algo, o eso que queremos decir (Ethos), pasamos entonces a escoger la mejor forma de organizar el discurso (Logos) de manera que las acciones (Pathos) generen la suficiente atracción y motivación para que nuestro público objetivo se enganche y pueda captar de la mejor manera nuestra idea, cerrando de esta manera un ciclo perfecto de la Retórica: La exposición de una idea a través de la organización dramatúrgica de unas acciones (Logos – Ethos – Pathos).
Nota: Los enunciados entre comillas fueron tomados de Wikipedia, “la enciclopedia libre”.