Las ideas y el amor. Etapa 3 de 3: El enamoramiento

Si aquella idea, y aquella mujer (te invito a leer antes la nota 1 para que entres en contexto), que una vez te deslumbraron aun continúan a tu lado, quiere decir que “sobrevivieron” a la etapa de tu desencanto. Que tomaste la decisión de continuar, de averiguar qué había más allá de la capa superficial de la primera mirada.

Significa que te tomaste más de dos segundos para razonar que quizás, tal vez, aquello que sentiste tan dentro de ti, en el fondo de tu alma, aquel ramalazo de adrenalina y endorfinas que te recorrió la médula de arriba abajo en el instante de la fascinación inicial, tenían una razón de ser; que eran un anuncio de que algo más bello surgiría de ellas si te tomabas el tiempo, y el trabajo, de averiguarlo.

Y poco a poco empezaste a darle vueltas a tu idea, y comenzaste a darte cuenta que a pesar de que otros ya hubieran dicho algo parecido a lo que querías decir, tú y tu idea tenían la capacidad de hacerlo de una manera nueva, única, auténtica… una idea con sabor a ti.

Y poco a poco empezaste a descubrir que a pesar de que a tu alrededor circularan cada día mujeres hermosas, mucho más hermosas que aquella que tenías para ti, a tu lado; esa, la tuya, era definitivamente única, que realmente lo era, ¡y estaba contigo!

Comenzaste a ver con detenimiento cada uno de sus caminos, de sus sinuosos y encantadores caminos, y empezaste a darte cuenta de que sí, que tú tenías razón, que tus sentidos no te habían engañado, porque a cada paso que dabas hacia los más profundos recovecos de su alma, te encontrabas con verdades únicas que sólo le pertenecían a ella, que su verdad y su belleza no estaban en las galantes finezas de su exterior, sino en los finos, sutiles y casi imperceptibles secretos de su interior, y que la verdadera magia residía en descubrir que cada día se iniciaba una nueva aventura para descifrarla y para amarla.

Así como cada día debías encontrar un nuevo y sorprendente giro en la historia que nació de aquella primera idea que inicialmente te deslumbró y que después, con trabajo y dedicación, se fue alejando de sus similares para convertirse en algo único, en ese algo que estalló dentro de ti con el primer instante de fascinación, que se sobrepuso a la desilusión y se quedó contigo para cada día enamorarte más, exactamente como cada día te enamoras más de ella, de la que está a tu lado.

Sí, me refiero a ambas, a las dos. A las que amas, a las que están en tu mente y en tu corazón, porque estoy convencido de que ambas “sobrevivieron” a la etapa de tu desencanto. Porque me gustaría creer que te tomaste el tiempo para decidir luchar por ellas, porque al final sólo se trata de eso, de aceptar que para terminar algún día con algo empezado hay que cruzar el puente que deja atrás la conformidad y decidirnos a recorrer caminos inexplorados, en donde sabemos que siempre deberemos luchar para salir adelante, pero que al final obtendremos victorias personales que casi nunca conocerá el mundo, pero que ante nosotros mismos nos dejarán el dulce sabor de las victorias ganadas, y que esas victorias son al fin y al cabo las únicas que realmente importan, porque son las victorias nuestras.

Es por eso que te invito a que después de esa fascinación inicial, te sobrepongas a la etapa del desencanto y te des la oportunidad de enamorarte de ella… de ellas, de ambas, de las dos.

Las ideas y el amor. Etapa 2 de 3: El desencanto

Ahora, cuando empiezas a reponerte de la fascinación, del trancazo inicial, de ese golpe brutal de adrenalina y endorfinas que recibiste porque te llegó la idea más genial del mundo; cuando despiertas del sueño profundo que te causó el desahogo de tus ansias por la conquista de la mujer (recuerda lo que sobre el género comenté anteriormente en la nota 1) más hermosa sobre la faz de la tierra, empiezas a sentir una inmensa desazón, un no sé qué que te carcome el cerebro y que te hunde cada vez más en el remolino sin fin de un desencanto que no quieres sentir… pero que sientes.

Porque ahora, cuando ya has regurgitado mentalmente una y otra vez los fundamentos de tu idea; cuando has recorrido palmo a palmo cada uno de los sinuosos contornos de la mujer conquistada, empiezas a darte cuenta que tanto la exclusividad y la belleza de una y otra no son tales.

Que tu idea no es tan exclusiva como lo pensaste, y que con algo más o con algo menos ya otros la han tratado, y desde hace mucho más de lo que tú quisieras aceptar.

Que la mujer que está a tu lado no es tan “única” como lo pensaste en el loco primer arrebato de tu fascinación y que, aun en contra de lo que quisieras pensar, siempre habrá una “hembra” más grácil, espectacular y despampanante que la que te acompaña.

Y el desencanto te abofetea el ego. El golpe lo recibes ahora desde el otro costado, el de la realidad, y sientes una desilusión que poco a poco va tornando el resplandor aquél en un gris monótono que lo va cubriendo todo, y del desencanto pasas a la desilusión, y hasta a la autoflagelación por haberte creído el rey del mundo por haber tenido entre manos algo que a la postre resultó tan común y vulgar que cualquiera lo puede “adquirir” en cualquier esquina.

Entonces empiezas a admirar las ideas que otros han desarrollado anteriormente, y poco a poco vas abandonando la tuya porque no quieres, no puedes, dejar que los otros se den cuenta de la mediocridad de tus pensamientos, y así, lentamente comienzas a tratar de olvidar, de dejar atrás, esa locura de querer decirle algo a los demás, es mejor, es más fácil así.

Empiezas entonces a mirar a otras mujeres, a las demás, cuando aun caminas al lado de aquella que hasta no hace casi nada creías la reina del mundo. A cada diez simples pasos encuentras a una más despampanante que la anterior. A cada diez pasos te tropiezas con bellezas “únicas”. A cada diez pasos ves pasar de frente a la que será la mujer de tu vida, y poco a poco, como a tu idea, comienzas a dejar de lado al ser que te acompaña porque ya perdió ese lustre que te arrebató hace tan poco tiempo, y por tan poco tiempo.

Y es ahí, en ese punto, en donde debes tomar la decisión que cambiará por siempre el curso de las cosas. Ahí es donde, en una muestra de coraje o cobardía, debes decidir si abandonas por siempre lo que hasta hace poco te hizo sudar de excitación y alegría y te vas en la búsqueda infinita de algo que sea realmente “único” desde tu punto de vista, o te das la oportunidad y te tomas el trabajo de averiguar un poco más en dónde estuvo ese algo que te convirtió no hace mucho en el ser más feliz sobre este mundo.

Es ahí en donde debes decidir si tomas el camino fácil, el de abandonar, o si continúas hasta la siguiente etapa: la 3… ¿cuál es?, ya lo veremos en la próxima ocasión, mientras tanto espero tus comentarios.

Las ideas y el amor. Etapa 1 de 3: La fascinación

Hoy quiero plasmar justamente una idea que me ha estado rondando en la cabeza desde hace ya un rato, por lo que hoy puedo decir que ya estoy en la etapa tres, es decir, en la etapa del enamoramiento.

Y es que las ideas, aquellas que sobreviven, han tenido que pasar necesariamente por tres etapas. Esas etapas son las de la fascinación, el desencanto y el enamoramiento. Hoy quiero hablarte de la primera, la de la fascinación.

Esta etapa tiene que ver con ese momento inicial, con ese golpe, con el mazazo inicial que recibimos cuando de repente nos deslumbra una idea furtiva, esa que nos sorprende en el lugar y el momento menos indicados, y que nos deja en un estado catatónico producto de la mezcla de adrenalina y endorfinas que nos hace creernos el poseedor de la idea máxima, la única, la verdadera, la que va a cambiar el mundo, y nos sentimos flotar por encima de los demás.

Es el momento en el que tus ojos (estableciendo un símil perfectamente ajustado a este descernimiento) ven a la mujer –valga la pena decir que hablo de una mujer por mi condición de género, pero que vale igual desde una mirada femenina hacia lo masculino– más hermosa que ellos han tenido enfrente a lo largo de toda su existencia. Es radiante, es más que bella, es única, es sin igual, y te sientes atraído hacia ese ser “como abeja al panal”, no te importa el mundo, no te importa nada que no se relacione con ella, y crees que no serás ya nada si ella no te pertenece, o tú le perteneces a ella, en ese instante tales nimiedades no vienen a cuento, lo único importante es que los dos, ella y tú, deben ser uno solo sin importar nada más.

Así, de idéntica manera tratas a la idea que te ha venido a la mente, y te llegan muchas preguntas: ¿cómo es que nadie lo había pensado antes?, ¿cómo es que esa mujer está sola?, ¿qué es esta suerte?, y sientes que debes actuar rápido porque tanto a la una como a la otra cualquiera puede llegar antes que tú, porque ambas son (y te lo repites) únicas, magnificas, irremplazables.

Y de la catatonia pasas a la esquizofrenia simple, y sientes que todos alrededor son enemigos, rivales, ladrones que buscan robarte tu “presa”, tu triunfo, tu éxito, tu idea y tu conquista, tu felicidad.

Hasta que de un medio u otro duermes con una y con otra, y con las dos, y hasta vives con ellas un tiempo, hasta que llega la etapa de la calma, la de la reflexión, y te ves inmerso en la segunda etapa, la del desencanto…

De esa etapa hablaremos después. Por ahora, espero que me cuentes tu opinión sobre esta idea.