Hace unos días recibí a vuelta de correo otro de los tantos y tan gratos comentarios que cosecho de estas notas. Comentarios de los amigos que ya he cultivado con este blog, lo cual a estas alturas representa mi mayor satisfacción.
En él escribió una frase, entre muchas otras, que me puso a pensar en una de las verdades fundamentales para mí a la hora de escribir una historia, aunque él se refería exclusivamente al cine, a raíz de la nota en donde les proponía que eligieran la película colombiana que más les hubiera gustado del último año, y me manifestaba que a él lo apasionaban eran aquellas “que le dejan a uno aliento de poesía”.
No hay una verdad más cierta, por lo menos para mí, como esa verdad, y mucho más expresada con tanta sencillez y contundencia; porque esa debe ser la finalidad de toda historia, aún cuando la misma se debata entre el fango y la inmundicia, la labor del narrador debe ser la de dejar en su receptor ese aliento de poesía.
Y no me refiero con ello a la vana sensiblería, o al gusto por lo rosa y lo falto de profundidad, ya que la expresión no podría estar más alejada de tales acepciones; sino, y justamente, a ese toque profundo que se produce en las fibras más recónditas del ser, esas que se estremecen y remueven cuando una idea las golpea y nos hace reaccionar; esas que elevan el espíritu más allá de la razón y logran hacernos olvidar todas las ataduras del convencionalismo para trasladarnos a ese terreno hermoso y casi siempre vedado de nuestro propio yo, para después devolverse con toda su fuerza y, ahí sí, golpearnos el entendimiento con una brutalidad tal, que vasta un solo instante para darnos cuenta de cuál es nuestra propia verdad revelada.
Pero llegar a eso, para dejar en nuestro lector-espectador esa sensación, se requiere de trabajo, de un gran esfuerzo creativo que necesita primero de un conocimiento exhaustivo de las herramientas con las que cuento para narrar esa historia, necesito descifrar sus códigos, armar la estructura que mantenga el rascacielos de mi invención a salvo de mis propias ineptitudes posteriores, para así poder después embellecer todo aquello por donde se van a mover sus visitantes.
Y es ahí en donde todo aquél que mal pretende ser llamado Maestro empieza a patinar dentro de su propio y resbaladizo mármol de prepotencia. Ya sea porque está empezando, porque quiere reventar el mundo con sus cuernos desechando todo el conocimiento y el trabajo de sus antepasados para demostrarle al mundo que la verdad verdadera es su propia verdad; o porque algunos elogios de su manada circundante le inflaron el ego y ahora quiere demostrar que todo lo realizado por alguien ajeno a él carece de importancia.
Y es así como menosprecian y se olvidan, o dicen olvidarse, de toda estructura, toda forma, todo código, para inventarse una manera propia de comunicar, no su idea, sino su ego; ya que se olvidan de que las formas y códigos no han surgido de la nada, sino que se han ido desarrollando a través del tiempo para poder decirle al otro, de una manera que ese otro me entienda, todo aquello que yo quiero expresarle, ya luego él verá si está de acuerdo conmigo o no.
Aunque todo ese supuesto desprecio por las formas y las estructuras, en la mayoría de los casos, he de aceptar y recalcar que no en todos, sólo esconde una pereza por desarrollar un verdadero esfuerzo de trabajo creativo que produzca al final ese “dejar un aliento de poesía”, tal vez uno áspero y ácido como el que dejan las de de Julio Flórez, o quizás uno dulce y melancólico como las de Machado; un esfuerzo que muy pocos están dispuestos a realizar, y se contentan con reproducir, como dicen ellos, la realidad circundante, la cual es, también para ellos, la más hedionda y putrefacta de una sociedad, cuando es precisamente allí en donde debe surgir el talento y el trabajo creativo para no simplemente decir “eres una puta”, sino tener la capacidad de espetarle, palabras más, palabras menos: te sientes orgullosa porque te llaman mariposa, pero recuerda que la mariposa es sólo un gusano con alas…
Contra la pornografía infantil
No es justo que esta situación se siga presentando. Ella es un ataque despiadado a los seres más indefensos de nuestra sociedad y, por qué no, puede ser una situación que esté ocurriendo dentro del seno de nuestra propia familia.
Por ello me aparto hoy del tema general de este blog, porque este es un mal que debe importarnos a todos, que debe movernos a realizar acciones para impedir su práctica.
El siguiente es un video que nos recuerda con imágenes, algunas de las cuales nos golpean por su crudeza, la dura realidad de esta práctica ignominiosa y vil.
Si quieres aportar tu granito de arena a esta causa, por favor recomiéndale a tus amigos y contactos que también lo miren.
Recuerda que entre más difundamos y apoyemos este tipo de acciones, lograremos entre todos generar mayores reacciones en su contra.
Por ello me aparto hoy del tema general de este blog, porque este es un mal que debe importarnos a todos, que debe movernos a realizar acciones para impedir su práctica.
El siguiente es un video que nos recuerda con imágenes, algunas de las cuales nos golpean por su crudeza, la dura realidad de esta práctica ignominiosa y vil.
Si quieres aportar tu granito de arena a esta causa, por favor recomiéndale a tus amigos y contactos que también lo miren.
Recuerda que entre más difundamos y apoyemos este tipo de acciones, lograremos entre todos generar mayores reacciones en su contra.
El error de la propaganda del Citibank
Hace unos cuantos días llegó a mis manos una publicidad del banco Citibank, de esas que te llegan junto con los extractos bancarios, en donde te dicen siempre lo bueno que es tenerlos a ellos como respaldo a tu inversión; o que si aumentas todavía más de lo que ya tienes en tus cuentas te regalarán una olla, o una plancha, o una licuadora, o un reproductor de DVD (de esos que ya consigues por 2 pesos en la tienda de la esquina); o que si consumes mil millones con tus tarjetas de crédito en 15 días te regalarán un bonito reloj resistente al agua… pero bueno, ese no es el tema que quiero tratar hoy, así que dejemos esto al gusto del consumidor.
Aunque ahora que ya hablamos del consumidor, de eso sí se trata el tema, porque lo que llegó fue un folleto, muy bonito eso sí, como siempre, muy bien envuelto, que al abrirlo lo primero que decía era:
"La satisfacción de tener algo bueno,
es saber que puede ser mejor".
Así, tal cual, a doble línea y todo, como debe ser presentado todo poema, y más aún de esos que te engrandecen el alma, que te hinchan el pecho de satisfacción y te hacen levantar la frente de orgullo.
Dicho poema estaba como pie de foto de una imagen que mostraba a un hombre joven (25-30 años), con todo el futuro por delante, mirando desde una ventana de vidrio piso-techo a una moderna ciudad que se extendía a sus pies e inundaba toda su vista hasta fundirse con una puesta de sol en el horizonte.
¡Qué belleza!
Hasta que uno se detiene a pensar en lo que le quisieron decir los eminentes cerebros de la agencia publicitaria, y el banco, por supuesto, con los dos versos del poema citado: “La satisfacción de tener algo bueno / es saber que puede ser mejor.” Un momento… si eso es así, ¿podrían decirme entonces en dónde encuentro yo la bendita satisfacción, si cada vez que tengo “algo bueno” voy a saber que SIEMPRE “puede ser mejor”?
Sociedad de consumo, oh pobre, agobiada y esclavizada sociedad de consumo, he aquí tu eslogan.
Es decir que nada en la vida, incluida la cuenta o el producto como ellos le llaman, que tienes con el banco NUNCA llegará a ser lo suficientemente buena, porque ella SIEMPRE podrá ser mejor, y así te pasarás la vida buscando siempre algo que te brinde una satisfacción.
¡Oh!, perdón por despertarte a la realidad, porque dicha satisfacción nunca llegará, porque nunca tendrás la satisfacción de encontrar algo bueno, de disfrutar un triunfo, de degustar un buen vino, o simplemente de ver esa puesta de sol que está viendo el del anuncio del Citibank, porque todo eso SIEMPRE podrá ser mejor. Pobre vida desdichada la que te espera si te dejas engañar por las frases vanas y poco estudiadas emanadas de las mentes brillantes de unos creativos insatisfechos con sus propias vidas.
Esto me recuerda, ya para terminar, una frase que se repetía en un comercial de televisión de hace unos pocos años, en donde el niño protagonista, a pesar de haberse acabado toda una ración de jugo que satisfaría hasta al más glotón del planeta, exigía en tono de amo a su mayordomo-esclavo: “quiero más”, y seguro que así pasaría el resto de su existencia. Ahora me pregunto, ¿en dónde y cómo estará hoy ese niño (y sus subalternos-esclavos, incluidos sus padres)?
¡Ah, sí!, ya sé, mirando por la ventana de una agencia de publicidad mientras piensa en cómo crear un bonito poema para el Citibank mientras el sol se va escondiendo en el horizonte.
Aunque ahora que ya hablamos del consumidor, de eso sí se trata el tema, porque lo que llegó fue un folleto, muy bonito eso sí, como siempre, muy bien envuelto, que al abrirlo lo primero que decía era:
"La satisfacción de tener algo bueno,
es saber que puede ser mejor".
Así, tal cual, a doble línea y todo, como debe ser presentado todo poema, y más aún de esos que te engrandecen el alma, que te hinchan el pecho de satisfacción y te hacen levantar la frente de orgullo.
Dicho poema estaba como pie de foto de una imagen que mostraba a un hombre joven (25-30 años), con todo el futuro por delante, mirando desde una ventana de vidrio piso-techo a una moderna ciudad que se extendía a sus pies e inundaba toda su vista hasta fundirse con una puesta de sol en el horizonte.
¡Qué belleza!
Hasta que uno se detiene a pensar en lo que le quisieron decir los eminentes cerebros de la agencia publicitaria, y el banco, por supuesto, con los dos versos del poema citado: “La satisfacción de tener algo bueno / es saber que puede ser mejor.” Un momento… si eso es así, ¿podrían decirme entonces en dónde encuentro yo la bendita satisfacción, si cada vez que tengo “algo bueno” voy a saber que SIEMPRE “puede ser mejor”?
Sociedad de consumo, oh pobre, agobiada y esclavizada sociedad de consumo, he aquí tu eslogan.
Es decir que nada en la vida, incluida la cuenta o el producto como ellos le llaman, que tienes con el banco NUNCA llegará a ser lo suficientemente buena, porque ella SIEMPRE podrá ser mejor, y así te pasarás la vida buscando siempre algo que te brinde una satisfacción.
¡Oh!, perdón por despertarte a la realidad, porque dicha satisfacción nunca llegará, porque nunca tendrás la satisfacción de encontrar algo bueno, de disfrutar un triunfo, de degustar un buen vino, o simplemente de ver esa puesta de sol que está viendo el del anuncio del Citibank, porque todo eso SIEMPRE podrá ser mejor. Pobre vida desdichada la que te espera si te dejas engañar por las frases vanas y poco estudiadas emanadas de las mentes brillantes de unos creativos insatisfechos con sus propias vidas.
Esto me recuerda, ya para terminar, una frase que se repetía en un comercial de televisión de hace unos pocos años, en donde el niño protagonista, a pesar de haberse acabado toda una ración de jugo que satisfaría hasta al más glotón del planeta, exigía en tono de amo a su mayordomo-esclavo: “quiero más”, y seguro que así pasaría el resto de su existencia. Ahora me pregunto, ¿en dónde y cómo estará hoy ese niño (y sus subalternos-esclavos, incluidos sus padres)?
¡Ah, sí!, ya sé, mirando por la ventana de una agencia de publicidad mientras piensa en cómo crear un bonito poema para el Citibank mientras el sol se va escondiendo en el horizonte.
Haciendo avanzar la historia
En la columna pasada, cuando hablamos de la relación personaje – motivación – objetivo – elemento conflictivo, establecimos una serie de dificultades (cuatro, para ser más precisos), que nuestro personaje iba encontrando en el camino en su búsqueda de la conquista de la mujer amada.
Pero el hecho de establecer esas dificultades, las cuales son nada más y nada menos que nuestros elementos conflictivos; es decir, las razones que impiden que nuestro personaje alcance su objetivo, no nos genera de por sí un avance en nuestra historia, porque dicho desarrollo se verá en la medida en que nosotros logremos vencer cada una de ellas para así poder evolucionar hacia una segunda dificultad y una tercera y una cuarta, y así sucesivamente.
Es decir, que la progresión se dará en la medida en que el o los personajes realicen acciones encaminadas a vencer esas dificultades, porque nada ganamos con establecer las mismas, si en un momento dado ellas no conducen a nada, no se desarrollan.
Ahora, tampoco es necesario que nuestro héroe sea el que tome las decisiones de vencer los problemas que la historia le plantea, ya que justamente son sus acciones las que nos irán develando su carácter, porque él podrá reaccionar de una forma proactiva, es decir, enfrentando los problemas por iniciativa propia; o, podrá hacerlo de una manera reactiva, actuando de un modo defensivo, o simplemente reaccionando, ante lo que él podría denominar “ataques de la vida”; pero todo esto lo veremos mucho más en profundidad cuando abordemos el tema de los personajes.
Por ahora sigamos con lo hoy nos compete, que es el cómo hacer avanzar la historia por medio de la creación de conflictos y su posterior desarrollo, para lo cual quiero compartir contigo un ejemplo que siempre me ha parecido hermoso, y es el que utiliza Gianni Rodari en su libro Gramática de la fantasía y al que con una sencillez increíble denomina La piedra en el estanque, en donde dice lo siguiente:
“Una piedra tirada en un estanque provoca ondas concéntricas que se extienden sobre la superficie, arrastrando en su movimiento al nenúfar y a la caña, al barquito de papel y a la balsa del pescador. Objetos que estaban cada uno por su cuenta, en paz o sueño, son llamados, por así decir, a la vida, forzados a reaccionar, a entrar en relación los unos a los otros… cuando por fin toca el fondo, agita el lodo, choca con los objetos que yacían olvidados, algunos de los cuales, ahora, son desenterrados, mientras que otros terminan cubiertos por la arena”.
¿Captas toda la profundidad de este pasaje tan sencillo?, ¿logras comprender, en lo referente a nuestro tema, cómo esa “superficie” representa todos los conflictos externos del personaje, y ese “fondo” se convierte en sus sentimientos?, ¿cómo un simple evento logra desbaratar toda la tranquilidad de su entorno y desencadenar reacciones múltiples que además se relacionan de una forma tal que la una no puede vivir sin la otra, y que todas se entrecruzan y afectan a las demás?
Eso es lo que debes poder lograr con cada uno de los conflictos que crees dentro de tu historia, que cada una de las acciones encaminadas a la resolución de cada uno de ellos genere toda esa complejidad, recuerda que estás armando un rompecabezas, el cual, por una sola ficha que falte, o que esté mal ubicada, perderá todo su valor y encanto.
Pero el hecho de establecer esas dificultades, las cuales son nada más y nada menos que nuestros elementos conflictivos; es decir, las razones que impiden que nuestro personaje alcance su objetivo, no nos genera de por sí un avance en nuestra historia, porque dicho desarrollo se verá en la medida en que nosotros logremos vencer cada una de ellas para así poder evolucionar hacia una segunda dificultad y una tercera y una cuarta, y así sucesivamente.
Es decir, que la progresión se dará en la medida en que el o los personajes realicen acciones encaminadas a vencer esas dificultades, porque nada ganamos con establecer las mismas, si en un momento dado ellas no conducen a nada, no se desarrollan.
Ahora, tampoco es necesario que nuestro héroe sea el que tome las decisiones de vencer los problemas que la historia le plantea, ya que justamente son sus acciones las que nos irán develando su carácter, porque él podrá reaccionar de una forma proactiva, es decir, enfrentando los problemas por iniciativa propia; o, podrá hacerlo de una manera reactiva, actuando de un modo defensivo, o simplemente reaccionando, ante lo que él podría denominar “ataques de la vida”; pero todo esto lo veremos mucho más en profundidad cuando abordemos el tema de los personajes.
Por ahora sigamos con lo hoy nos compete, que es el cómo hacer avanzar la historia por medio de la creación de conflictos y su posterior desarrollo, para lo cual quiero compartir contigo un ejemplo que siempre me ha parecido hermoso, y es el que utiliza Gianni Rodari en su libro Gramática de la fantasía y al que con una sencillez increíble denomina La piedra en el estanque, en donde dice lo siguiente:
“Una piedra tirada en un estanque provoca ondas concéntricas que se extienden sobre la superficie, arrastrando en su movimiento al nenúfar y a la caña, al barquito de papel y a la balsa del pescador. Objetos que estaban cada uno por su cuenta, en paz o sueño, son llamados, por así decir, a la vida, forzados a reaccionar, a entrar en relación los unos a los otros… cuando por fin toca el fondo, agita el lodo, choca con los objetos que yacían olvidados, algunos de los cuales, ahora, son desenterrados, mientras que otros terminan cubiertos por la arena”.
¿Captas toda la profundidad de este pasaje tan sencillo?, ¿logras comprender, en lo referente a nuestro tema, cómo esa “superficie” representa todos los conflictos externos del personaje, y ese “fondo” se convierte en sus sentimientos?, ¿cómo un simple evento logra desbaratar toda la tranquilidad de su entorno y desencadenar reacciones múltiples que además se relacionan de una forma tal que la una no puede vivir sin la otra, y que todas se entrecruzan y afectan a las demás?
Eso es lo que debes poder lograr con cada uno de los conflictos que crees dentro de tu historia, que cada una de las acciones encaminadas a la resolución de cada uno de ellos genere toda esa complejidad, recuerda que estás armando un rompecabezas, el cual, por una sola ficha que falte, o que esté mal ubicada, perderá todo su valor y encanto.
Manejando El Conflicto
Hoy es tiempo de hacerle un reconocimiento a un gran maestro que la vida me ha regalado, gracias al cual he podido comprender y desarrollar muchas de las ideas y conceptos que están plasmados en este blog. Él me enseñó que el perfeccionamiento es siempre una búsqueda constante, una fuente inagotable de necesidad creativa; y a quien también doy gracias por corroborar la idea fundamental de que la sencillez y la humildad son las verdaderas indicadoras de la valía de un gran ser humano.
Es por eso que no encontrarás aquí su nombre, sólo sus enseñanzas, ya que a pesar de ser uno de los hombres que más conoce y maneja el arte de narrar en Latinoamérica, nunca aceptaría una adulación como la que hoy hago en público. Para él, mi más sincero reconocimiento y agradecimiento por sus consejos y sobre todo por dejarme contarlo como uno más de mis amigos.
Estas palabras introductorias surgen por el tema que hoy quiero compartir contigo, ya que te voy a hablar acerca de la base fundamental sobre la cual se sustenta toda narración dramática, y esta es la de los cuatro pilares que son: el personaje – la motivación – el objetivo – y el elemento conflictivo, y cuyo manejo fue uno de los grandes legados que él me dejó al enseñarme a entretejerlos como armando un rompecabezas, labor que se convierte con el tiempo en una pasión y un verdadero reto.
En la oportunidad anterior ya vimos lo importante que resulta tener clara la Premisa Fundamental de nuestra historia, qué es lo que queremos decir; pues bien, ahora tenemos que definir cómo hacemos que esa idea sea captada plenamente por nuestro público, y para ello debemos tener clarísimo que la ilustración de dicha idea sólo puede hacerse a través de un conflicto.
O dicho de otra manera, un conflicto es la ilustración de una premisa fundamental; pero como estamos hablando de una narración dramática, y como el término dramático lleva implícito el desarrollo de una acción, debemos entonces establecer los elementos que me van a generar dicha acción, ¿y cuáles son esos elementos?, pues precisamente los cuatro que ya hemos mencionado: el personaje – la motivación – el objetivo – y el elemento conflictivo.
Resumámoslo, tratando de ser sencillos como siempre, de la siguiente manera: Ya sabes lo que quieres decir, estableciste tu premisa, la cual podría ser (siendo simplistas) que “no siempre se obtiene lo que se desea”; a continuación creas un personaje que se llamará Pedro (vale decir que puedes empezar por desarrollar cualquiera de los cuatro elementos); y cuyo objetivo es ir a la playa porque está de vacaciones.
La motivación que lo hace querer ir a la playa es el hecho de que allí siempre hay mujeres hermosas y fáciles que sólo buscan una noche de placer, perfecto; pero es ahí, después de establecer estos parámetros, en donde comienzas a crearle conflictos, los cuales son los que te van a empujar tu historia hacia delante, los que van a crear afinidad o rechazo por parte del público con tu personaje.
Entonces digamos, por ejemplo, que lo primero que le sucede es que no encuentra habitaciones disponibles (uno), por lo que debe dormir en la playa y unos ladrones le roban mientras duerme (dos), con lo cual al día siguiente, malhumorado y con muy mal aspecto por el mal dormir, se encuentra precísamente con la mujer de sus sueños, pero ella lo mira como a un bicho raro (tres), ¡y encima descubre que ella tiene novio! (cuatro), y las complicaciones pueden ser infinitas…
Sí, acepto que el ejemplo es demasiado simplista, por lo cual apelo a tu indulgencia, aunque para el objetivo que buscaba viene muy bien. Si tienes alguna duda, o quieres hacer un aporte, “las líneas están abiertas”.
Hasta la próxima..
Es por eso que no encontrarás aquí su nombre, sólo sus enseñanzas, ya que a pesar de ser uno de los hombres que más conoce y maneja el arte de narrar en Latinoamérica, nunca aceptaría una adulación como la que hoy hago en público. Para él, mi más sincero reconocimiento y agradecimiento por sus consejos y sobre todo por dejarme contarlo como uno más de mis amigos.
Estas palabras introductorias surgen por el tema que hoy quiero compartir contigo, ya que te voy a hablar acerca de la base fundamental sobre la cual se sustenta toda narración dramática, y esta es la de los cuatro pilares que son: el personaje – la motivación – el objetivo – y el elemento conflictivo, y cuyo manejo fue uno de los grandes legados que él me dejó al enseñarme a entretejerlos como armando un rompecabezas, labor que se convierte con el tiempo en una pasión y un verdadero reto.
En la oportunidad anterior ya vimos lo importante que resulta tener clara la Premisa Fundamental de nuestra historia, qué es lo que queremos decir; pues bien, ahora tenemos que definir cómo hacemos que esa idea sea captada plenamente por nuestro público, y para ello debemos tener clarísimo que la ilustración de dicha idea sólo puede hacerse a través de un conflicto.
O dicho de otra manera, un conflicto es la ilustración de una premisa fundamental; pero como estamos hablando de una narración dramática, y como el término dramático lleva implícito el desarrollo de una acción, debemos entonces establecer los elementos que me van a generar dicha acción, ¿y cuáles son esos elementos?, pues precisamente los cuatro que ya hemos mencionado: el personaje – la motivación – el objetivo – y el elemento conflictivo.
Resumámoslo, tratando de ser sencillos como siempre, de la siguiente manera: Ya sabes lo que quieres decir, estableciste tu premisa, la cual podría ser (siendo simplistas) que “no siempre se obtiene lo que se desea”; a continuación creas un personaje que se llamará Pedro (vale decir que puedes empezar por desarrollar cualquiera de los cuatro elementos); y cuyo objetivo es ir a la playa porque está de vacaciones.
La motivación que lo hace querer ir a la playa es el hecho de que allí siempre hay mujeres hermosas y fáciles que sólo buscan una noche de placer, perfecto; pero es ahí, después de establecer estos parámetros, en donde comienzas a crearle conflictos, los cuales son los que te van a empujar tu historia hacia delante, los que van a crear afinidad o rechazo por parte del público con tu personaje.
Entonces digamos, por ejemplo, que lo primero que le sucede es que no encuentra habitaciones disponibles (uno), por lo que debe dormir en la playa y unos ladrones le roban mientras duerme (dos), con lo cual al día siguiente, malhumorado y con muy mal aspecto por el mal dormir, se encuentra precísamente con la mujer de sus sueños, pero ella lo mira como a un bicho raro (tres), ¡y encima descubre que ella tiene novio! (cuatro), y las complicaciones pueden ser infinitas…
Sí, acepto que el ejemplo es demasiado simplista, por lo cual apelo a tu indulgencia, aunque para el objetivo que buscaba viene muy bien. Si tienes alguna duda, o quieres hacer un aporte, “las líneas están abiertas”.
Hasta la próxima..
Recuerdos de Caracol Televisión
Una vez más vuelvo a revivir los viejos tiempos de la televisión colombiana con esta presentación de Caracol televisión, hoy Canal Caracol.
Es el cabezote de entrada de Sábados Felices, el programa de humor más antiguo de nuestra televisión, y encontrarme con él fue una delicia, un traspasar las fronteras del recuerdo y transportarme a los años de juventud, donde todo era descomplique y buena onda.
Qué grato es oír la voz de Alfonso Lizarazo anunciando el comienzo del programa, ver la animación de entrada y redescubrir también cómo era el logo de la casa que me dio por primera vez la oportunidad de ingresar al hermoso mundo de la televisión.
Aquí les dejo el video y espero que se deleiten con él.
Es el cabezote de entrada de Sábados Felices, el programa de humor más antiguo de nuestra televisión, y encontrarme con él fue una delicia, un traspasar las fronteras del recuerdo y transportarme a los años de juventud, donde todo era descomplique y buena onda.
Qué grato es oír la voz de Alfonso Lizarazo anunciando el comienzo del programa, ver la animación de entrada y redescubrir también cómo era el logo de la casa que me dio por primera vez la oportunidad de ingresar al hermoso mundo de la televisión.
Aquí les dejo el video y espero que se deleiten con él.
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